10 poemas sobre la vida y la muerte

Las palabras duelen, las palabras sanan, las palabras pueden ayudarnos a explicar lo que sentimos ante una pérdida. Estos 10 poemas expresan de manera magistral todo lo que nos puede hacer sentir la muerte.

A veces, ante la muerte de un ser querido, las palabras y el arte se convierten en el único medio para expresar lo que realmente sentimos. El dolor nos vuelve pequeños, frágiles. A veces rotos. La ausencia nos invade. Y aunque tengamos a la fe como aliada, hay días largos y noches eternas, en las que esta pareciera no ser suficiente.

Entonces nos llenamos de duda, de enojo, de laberínticos huecos que nos llevan siempre al mismo lugar: al dolor de la pérdida.

Y cuando estamos ahí, las palabras pueden ayudarnos. A sanar. A curar. A sanar A volver a creer.

Durante siglos artistas y escritores han manifestado su sentir ante la muerte con poemas que duelen, pero que también nos ayudan a entender nuestra condición de seres vivos y finitos.

El tema central en esta selección de poemas es la muerte y la ineludible realidad de que forma parte de la vida.

La belleza y la muerte de Víctor Hugo

La belleza y la muerte son dos cosas profundas, 
con tal parte de sombra y de azul que diríanse 
dos hermanas terribles a la par que fecundas, 
con el mismo secreto, con idéntico enigma.

Oh, mujeres, oh voces, oh miradas, cabellos, 
trenzas rubias, brillad, yo me muero, tened 
luz, amor, sed las perlas que el mar mezcla a sus aguas, 
aves hechas de luz en los bosques sombríos.

Más cercanos, Judith, están nuestros destinos 
de lo que se supone al ver nuestros dos rostros; 
el abismo divino aparece en tus ojos,

y yo siento la sima estrellada en el alma; 
mas del cielo los dos sé que estamos muy cerca, 
tú porque eres hermosa, yo porque soy muy viejo.

 

Poesía y muerte

  1. ¿Quién muere? de Pablo Neruda

    Muere lentamente quien no viaja,
    quien no lee,
    quien no oye música,
    quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito
repitiendo todos los días los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no se atreve a cambiar el color de su vestimenta
o bien no conversa con quien no conoce.

Muere lentamente quien evita una pasión y su remolino de emociones,
justamente estas que regresan el brillo
a los ojos y restauran los corazones destrozados.
Muere lentamente quien no gira el volante cuando esta infeliz
con su trabajo, o su amor,
quien no arriesga lo cierto ni lo incierto para ir detrás de un sueño
quien no se permite, ni siquiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos…

¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡No te impidas ser feliz!

Caverna de José Emilio Pacheco

Todo está muerto
En esta cueva ni siquiera vive la muerte.

Es verdad que los muertos tampoco duran
Ni siquiera la muerte permanece
Todo vuelve a ser polvoPero la cueva preservó su entierroAquí están alineados 
cada uno con su ofrenda
los huesos dueños de una historia secreta

Aquí sabemos a qué sabe la muerte
Aquí sabemos lo que sabe la muerte
La piedra le dio vida a esta muerte
La piedra se hizo lava de muerte

Todo está muerto
En esta cueva ni siquiera vive la muerte.

Poesía y muerte

Soneto de amor LXXI de William Shakespeare

Cuando haya muerto, llórame tan sólo
mientras escuches la campana triste,
anunciadora al mundo de mi fuga
del mundo vil hacia el gusano infame.

Y no evoques, si lees esta rima,
la mano que la escribe, pues te quiero
tanto que hasta tu olvido prefiriera
a saber que te amarga mi memoria.

Pero si acaso miras estos versos
cuando del barro nada me separe,
ni siquiera mi pobre nombre digas

y que tu amor conmigo se marchite,
para que el sabio en tu llorar no indague
y se burle de ti por el ausente.

¿Qué es morir? de Elias Nandino

—¿Qué es morir?
—Morir es 
Alzar el vuelo
Sin alas
Sin ojos
Y sin cuerpo.

Poesía y muerte

Más o menos la muerte de Mario Benedetti

La muerte es sólo un niño
de cara triste
un niño
sin motivo
sin miedo
sin fervor
un pobre niño viejo
que se parece
a Dios.

A veces
sin embargo
es tan sólo un silencio
sin pasado
sin molde
sin olor
un silencio en que ladran
los perros
esos perros
y uno se pregunta
quiénes son.

Pero es raro.
Por lo común la muerte
es solamente un niño
de cara triste…

Otras veces.

Otras veces
es una niebla espesa
que se mete en los ojos
que destruye la voz
y lo arrincona a uno definitivamente
bueno
definitivamente no
tan sólo hasta que uno
se siente
sin amor.

A veces.

Pero es raro.
Por lo común la muerte
es solamente un niño
de cara triste
un niño
que sale de la noche
sin motivo
sin miedo
sin fervor
un pobre niño viejo
que deja caer su mano
sobre mi corazón.

Epitafio de Juan Gelman

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.¡Digo que el hombre debe serlo!

Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.

Poesía y muerte

Últimas palabras de Sylvia Plath

No quiero una caja simple, quiero un sarcófago
Con rayas atigradas, y una cara en él,
redonda como la luna, para contemplar.
Quiero estar mirándolos cuando vengan
Juntando los tontos minerales, las raíces.
Ya los veo —las caras pálidas, distantes como estrellas.
Ahora no son nada, no son ni siquiera bebés.
Los imagino sin padres ni madres, como los primeros dioses.
Se van a preguntar si fui importante.
¡Debería azucarar y conservar mis días como frutas!
Mi espejo se está nublando—
Unas pocas respiraciones, y no reflejará nada más.
Las flores y las caras se blanquean como una sábana.

No confío en el espíritu. Se escapa como vapor
En sueños, a través de la boca o del ojo. No puedo detenerlo.
Un día no volverá. Las cosas no son así.
Permanecen, sus pequeños brillos especiales
Tibios de tanto manoseo. Casi ronronean.
Cuando las plantas de mis pies se enfríen,
El ojo azul de mi turquesa me confortará.
Dejen que me lleve mis ollas de cobre, dejen que mis potes de rouge
Florezcan sobre mí como flores nocturnas, con buen aroma.
Me envolverán con vendas, guardarán mi corazón
Bajo mis pies en un prolijo paquete.
Difícilmente me reconoceré. Va a estar oscuro,
Y el brillo de estas pequeñas cosas, más dulce que el rostro de Istar.

Nocturno a la alcoba, Xavier Villaurrutia

La muerte toma siempre la forma de la alcoba 
que nos contiene.Es cóncava y oscura y tibia y silenciosa,
se pliega en las cortinas en que anida la sombra,
es dura en el espejo y tensa y congelada,
profunda en las almohadas y, en las sábanas, blanca.Los dos sabemos que la muerte toma
la forma de la alcoba, y que en la alcoba
es el espacio frío que levanta
entre los dos en muro, un cristal, un silencio.

Entonces sólo yo sé que la muerte 
es el hueco que dejas en el lecho
cuando de pronto y sin razón alguna 
te incorporas o te pones de pie.

Y es el ruido de hojas calcinadas
que hacen tus pies desnudos al hundirse en la alfombra.

Y es el sudor que moja nuestros muslos 
que se abrazan y luchan y que, luego, se rinden. 

Y es la frase que dejas caer, interrumpida.
Y la pregunta mía que no oyes,
que no comprendes o que no respondes.

Y el silencio que cae y te sepulta
cuando velo tu sueño y lo interrogo.

Y solo, sólo, yo sé que la muerte
es tu palabra trunca, tus gemidos ajenos
y tus involuntarios movimientos oscuros
cuando en el sueño luchas con el ángel del sueño.

Y el silencio que cae y te sepulta
cuando velo tu sueño y lo interrogo.

La muerte es todo esto y más que nos circunda,
y nos une y separa alternativamente,
que nos deja confusos, atónitos, suspensos,
con una herida que no mana sangre.

Entonces, sólo entonces, los dos solos, sabemos
que no el amor sino la oscura muerte
nos precipita a vernos cara a los ojos,
y a unirnos y a estrecharnos, más que solos y 
náufragos,
todavía más, y cada vez más, todavía.

Muerte y poes

La muerte perderá su dominio, Dylan Thomas 

Y la muerte perderá su dominio.
Los muertos desnudos serán un solo muerto.
Con el hombre en el viento y la Luna de occidente; 
cuando se descarnen los huesos y desaparezcan los huesos.
Donde hubo codos y pies aparecerán estrellas.
Y aunque se sumerjan en profundas aguas tendrán que resurgir.
Y aunque los amantes se extravíen perdurará el amor.
Y la muerte perderá su dominio.Y la muerte perderá su dominio.
Bajo los remolinos del mar
aquellos que yazgan largamente no morirán en la tempestad
retorciéndose en el tormento, cuando cedan los tendones
atados a una rueda no podrán destrozarse;
entre sus manos la fe se romperá en dos
y el Unicornio del mal los atravesará.
Y hendidos por todas partes no se desmembrarán.
Y la muerte perderá su dominio.Y la muerte perderá su dominio.
Nunca más las gaviotas gritarán en sus oídos 
o se romperán las olas tumultuosamente en la ribera; 
allí donde se abrió una flor nunca más otra flor
ofrecerá su cabeza a los golpes de la lluvia. 
Y aún locas o muertas como clavos 
atravesarán las margaritas con sus cabezas de señoras; 
irrumpiendo sobre el Sol hasta que el Sol se desprenda. 
Y la muerte perderá su dominio.

Qué costumbre tan salvaje de Jaime Sabines

¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra!
Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras,
paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?,
¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte?
¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente.
Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir.