El sabio arte de envejecer

No importa qué hagamos: el tiempo pasa. Hace que nuestro cuerpo cambie y que nos hagamos viejos. A algunos nos cuesta trabajo dejar ir nuestra juventud y abrazar una etapa que también puede ser maravillosa. Si eres uno de esos, este artículo te puede ayudar…

El tiempo pasa y no hay nada que podamos hacer para detenerlo. Un día estamos esperando la llegada de nuestro primer hijo y cuando menos nos damos cuenta nuestros nietos ya corren por toda la casa.

Es extraño, pero mientras más grandes somos el tiempo pasa más deprisa. Cuando éramos niños los periodos se nos hacían eternos, tener que esperar uno o dos meses para celebrar Navidad o para las vacaciones era demasiado. En cambio, ahora sabemos que un mes no son más que cuatro semanas.

De pequeños queríamos que el tiempo volara y ahora lo único que quisiéramos es detenerlo; detenerlo para disfrutar más de la vida. Pero, ¿por qué nos da miedo que el tiempo pase tan rápido? Si envejecer puede ser igual de emocionante que esos años de juventud. Dejemos de lado los estereotipos, entrar a la tercera edad no es sinónimo de soledad y dependencia. Basta de relacionar a una persona mayor con nostalgia y obsolescencia, como si se perdiera valor con los años. Al contrario, una persona mayor es un tesoro lleno de experiencias y conocimientos.

La idea que tengamos de la vejez influye directamente en la manera en la que la viviremos. La vida no termina cuando envejecemos, más bien es el momento de visualizar nuevos planes y metas por cumplir. Ya sean viajes familiares, un viaje en pareja después de tantos años, citas con los amigos o por qué no, nuevos amores.

De pequeños queríamos que el tiempo volara y ahora lo único que quisiéramos es detenerlo; detenerlo para disfrutar más de la vida. Pero, ¿por qué nos da miedo que el tiempo pase tan rápido? 

Aunque no basta con que nosotros nos quitemos de la mente ese mito que nubla a la vejez, debemos inculcarlo en nuestros hijos, nuestros nietos y todos los que nos rodean. De esta manera lo disfrutarán con nosotros y además los prepararemos para su futuro. La entrada a esta etapa significa volver a ser los protagonistas de nuestra vida, así como cuando éramos jóvenes. Los hijos ya se pueden cuidar solos y los nietos solo son para gozarse.

Toda esa responsabilidad que hemos cargado por años, ya sea por ser padres o por asuntos profesionales, por fin dejan de hacer presión en nuestros hombros. Es momento de comenzar a cosechar todo lo que hemos sembrado a lo largo de este camino. Todo el esfuerzo que pusimos en pagar la educación de nuestros hijos, en tener un patrimonio o en construir un mejor futuro.

Al fin ha llegado la hora de disfrutar sin preocuparse por nada más. En esta etapa ya hemos alcanzado el clímax de la vida y esta es la parte en donde se escucha de fondo la canción alegre en las películas.

Hay que enamorarnos de nuestra libertad y reencontrarnos con esa versión de nosotros llena de ilusiones, en lugar de angustiarnos por quedarnos solos. ¿Qué no deseábamos tiempo para nosotros mismos? Ahora lo tendremos. Claro, habrá cambios físicos y tal vez sean difíciles de aceptar, pero no son más que un recuerdo de nuestras vivencias y sabiduría. Asumámoslos y aprendamos a vivir con ellos, en lugar de tratar a toda costa de disimularlos.

Hay que tener en cuenta que para que esta aventura fluya sin inconvenientes es muy importante poner nuestra salud en primer lugar. Los chequeos médicos y psicológicos son esenciales para tener la calidad de vida que anhelamos.

Además, hay algunos consejos que tenemos que llevar a cabo para que nuestro cuerpo y nuestra mente no se deterioren tan rápido.

MANTENER LA ACTIVIDAD FÍSICA

Ya no tenemos la misma condición física que un veinteañero, pero eso no nos impide hacer ejercicio y mantener nuestro cuerpo activo. Salgamos a correr o a caminar todos los días por lo menos 30 minutos. Incluso, una clase de zumba o pilates puede ser muy buena opción para levantar el ánimo. Esto nos ayudará a calmar la ansiedad, así como a retrasar el proceso de la osteoporosis.

SOCIALIZAR

Conforme crecemos solemos dejar de lado a nuestros amigos para enfocarnos en nuestra familia o en el trabajo. Sin embargo, es un error descuidar a nuestras amistades, pues son una parte muy importante en la vida de cualquier ser humano. Seamos sinceros: no es lo mismo una reunión familiar que una reunión con nuestros amigos. Las dos tienen sus puntos a favor, pero son experiencias muy distintas. Aunque con socializar no solo nos referimos a mantenemos en contacto con los amigos, también aprovechemos a los familiares que más queremos, ya sean nuestros hermanos o primos.

DISFRUTA AL MÁXIMO CADA MOMENTO 

La única manera de dejar este mundo en paz es aprovechando el tiempo. Hagamos que cada momento valga. Hay que dedicarle tiempo a las cosas que realmente nos apasionan y nos llenan de vida como: estar con nuestros nietos, pintar, bailar, cocinar o cualquier actividad que realmente amemos.

No hay manera de detener el reloj, lo único que nos queda es tomar el control y decidir cómo queremos vivir, la que puede ser, una de las mejores etapas de la vida. Nadie dijo que los cambios son sencillos, pero lo único que lo hará más fácil es una actitud positiva.